Crisis del Estrecho de Taiwán, semiconductores y una cuestión de tiempo

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Publicado en 4 marzo, 2022

En febrero de este año, el diario New York Times comentaba como el actual conflicto en Ucrania ha resonado en Asia, específicamente en el Estrecho de Taiwán. En dicho artículo, se menciona cómo la situación que sufre Ucrania podría replicarse en el caso taiwanés y cómo las decisiones de Estados Unidos en el conflicto europeo influirían ante una posible acción militar de China hacia isla, donde esta última cuenta con el apoyo estadounidense ante una eventual intromisión china en su gobierno. En los últimos meses, se ha registrado el despliegue de aviones y portaaviones chinos en las cercanías de Taiwán, agudizando cada vez más las tensiones entre ambos lados del Estrecho.

La disputa existente entre el gobierno de la República Popular China y la región de Taiwán se remonta al año 1949, al finalizar la Guerra Civil China y el surgimiento de la República Popular China como el gobierno legítimo de dicho territorio. Sin embargo, el gobierno liderado por el Kuomintang (KMT) debió establecer la República de China en la isla de Taiwán, y desde entonces han existido intermitentes periodos de crisis en el Estrecho debido a discursos del gobierno de la isla, sobre todo en los años noventa, en defensa de su autonomía. El aumento de las tensiones de los últimos años alrededor de la isla se enmarcan en las relaciones entre los actuales gobiernos de cada lado, en donde el Partido Progresista Democrático (PPD) y su líder, la presidenta Tsai Ing-wen, han estado a la cabeza del gobierno de la isla desde 2016. La particularidad de esto es que se trata de un partido político que, a diferencia del Kuomintang (KMT), ha mantenido un discurso que se inclina por la defensa de la autonomía de la isla y la no intervención china en su gobierno.

El conflicto de Taiwán no es la única disputa territorial que el gobierno comunista ha tenido que manejar. En el último tiempo también ha habido tensión en Hong Kong, región que fue devuelta por el gobierno británico a China a fines de los años noventa, y que a pesar de garantizar un traspaso pacífico y en respeto de su estructura democrática, no ha estado exenta del ímpetu chino por incorporar este territorio al alero de su propio gobierno. Naturalmente, esto ha provocado resentimiento en la población hongkonesa, sobre todo en la juventud, la cual protesta desde el año 2018 en contra de un gobierno que consideran represivo y que atenta contra su democracia y libertad de expresión[1]. La respuesta del gobierno chino a las manifestaciones ha demostrado que no existen pretensiones de otorgar a Hong Kong autonomía y que la incorporación de esta región al gobierno comunista es inevitable en un futuro cercano.

No cabe duda de que la contingencia en el Mar de China debe ser de interés para la comunidad internacional, sobre todo considerando que Taiwán ha contado con la presencia de Estados Unidos desde que se estableció la República de China en la isla. Incluso, en 1979 se aprobó la Ley de Relaciones de Taiwán por parte del Congreso estadounidense, en paralelo al establecimiento de las relaciones diplomáticas oficiales con la RPCh. Y a diferencia de lo acontecido con Hong Kong, en la situación de Taiwán no se han establecido plazos ni términos para una resolución del conflicto. China ha mantenido desde la década de los noventa su intención de establecer ‘un país, dos sistemas’, mientras que la población de la isla se inclina a mantener su situación actual antes de tener que plantear una fecha de término (vale decir, mantener el statu quo). Sin embargo, teniendo en cuenta estos antecedentes y el manejo del gobierno chino hacia la región de Hong Kong, es posible que la población de Taiwán, y por supuesto su gobierno, ponderen nuevamente cual es la mejor opción para la isla, considerando una opción que no ponga en peligro su sistema de gobierno, la democracia y la libertad de expresión. Las disposiciones del conflicto, aunque comparte similitudes con Taiwán, no son las mismas por lo que es complejo proyectar un posible escenario.

Un tema no menor es la escasez de semiconductores, un material que funciona como conductor o aislante eléctrico utilizado principalmente en la industria electrónica y fundamentales para el funcionamiento de computadores y celulares, entre otros aparatos tecnológicos. Taiwán es el mayor productor de semiconductores en el mundo, y que producto de la pandemia de COVID-19, sus industrias sufrieron una crisis de abastecimiento debido a la alta demanda de aparatos tecnológicos. Esta variable en el conflicto resulta particularmente relevante si se tiene en consideración que China no ha logrado alcanzar el nivel de Taiwán en el desarrollo de esta tecnología, por lo que es posible suponer que un conflicto podría ser realmente perjudicial no solo para China sino también para todos aquellos que se abastecen de los semiconductores taiwaneses.

Si bien la tensión que ha habido en el Estrecho de Taiwán responde a situaciones recientes, los antecedentes del conflicto entre China y Taiwán son de larga data y no pueden ser ignorados. Cualquier acción china directa en la isla podrían provocar una reacción de Estados Unidos, y por qué no, una crisis en el abastecimiento y producción de tecnología con impacto mundial. Cabe esperar, por un lado, como va a actuar Estados Unidos ante la crisis en Ucrania con el fin de visualizar que es lo que le depararía a Taiwán por parte del país norteamericano. Por otro lado, debemos estar atentos a las acciones de China, quien podría, eventualmente, aprovechar su oportunidad si es que el interés y los recursos estadounidenses están concentrados en otro lado del mundo.

Referencias


[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-48611163

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