La Operación Barbarroja. A 80 años del inicio de la invasión alemana a la Unión Soviética

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Escrito por Eduardo Araya Lëupin

El pasado 22 de junio se cumplieron 80 años del inicio de la mayor operación militar de la Segunda Guerra Mundial que fue también el mayor fracaso militar de Hitler: la invasión a la Unión Soviética, la llamada Operación Barbarroja. El día 22 de junio de 1941, con una cuidadosa preparación propagandística y teniendo con telón de fondo la majestuosa música de Preludios de Lizt, el Ministro Goebbels leyó una declaración del propio Hitler que informaba a los alemanes y al mundo del inicio de la invasión.

En el trasfondo de esta decisión, estaba otra no menos importante. En Agosto de 1939, los ministros de relaciones exteriores de Alemania y la URSS habían firmado un tratado mediante el cual dos enemigos ideológicamente irreconciliables se convirtieron en aliados temporales . En la más pura tradición del realismo, este tratado permitía resolver algunos intereses coyunturales de ambas potencias: A Alemania le permitía resolver el nudo que no pudo cortar en la Primera Guerra Mundial: Una guerra en dos frentes. El Tratado le permitía invadir Polonia para luego concentrar todo su potencial bélico hacia Occidente, derrotar a Francia primero y ajustar cuenta con Gran Bretaña después. Una vez logrado esto, el paso siguiente sería lograr el gran objetivo histórico del nacional-socialismo alemán: Constituir el área imperial (Lebensraum) para la expansión futura de la raza aria y a la vez derrotar definitivamente al enemigo bolchevique. Los objetivos de Hitler no eran un misterio para nadie: estaban descritos en “Mi Lucha”, libro que había escrito en sus años de prisión en Landsberg , después del fallido “Putsch” en Baviera en 1923 . La primera parte de este libro fue publicada en 1925, la segunda en 1926, pero solo se transformó en un éxito de ventas en 1933. Si su proyecto era ampliamente conocido, también por la elite de la URSS, ¿Porque entonces el dictador Stalin aceptó el trato?. También por un cálculo racional y realista. En lo inmediato Stalin se aseguró la ocupación de una franja de Polonia ( que coincidía con la llamada Línea Curzon y posteriormente con la Línea Oder-Naisse)1, los Países Bálticos y Besarabia. Stalin sabía que finalmente habría guerra, pero calculaba que mientras más tarde la URSS se viera forzada a entrar en guerra, esto le reportaría alguna ventaja, más aun, que el mejor escenario posible era que la guerra entre Alemania y las potencias occidentales se prolongara el mayor tiempo posible, así la URSS incluso podría adquirir un rol arbitral sobre el futuro orden internacional.

Como sabemos, tanto Hitler como Stalin se equivocaron en sus cálculos. Hacia 1940 todos los objetivos de Hitler se habían cumplido, salvo uno: la derrota de Inglaterra. Stalin, a pesar de que había cumplido puntillosamente con su parte del trato (incluido el envío a Alemania de ingentes cantidades de alimentos y materias primas) fue sorprendido por la impaciencia de Hitler. La invasión, que él estimaba para 1942, no solo fue una sorpresa militar, provocó en Stalin durante varios días una parálisis decisoria que tuvo un costo lapidario para la URSS.

Considerando los resultados que conocemos, ¿Existían otros escenarios alternativos para la Alemania Nazi en 1941? Ya en diciembre de 1940, Hitler había firmado la Directiva N 21 sobre los planes de invasión a la URSS. Según Andreas Hillgruber2, un clásico de la historiografía alemana sobre este de tema, la respuesta es afirmativa. Había planes alternativos. Uno de ellos era de la Kriegsmarine. Tanto el Almte. Raeder como Doenitz  creían que la estrategia más adecuada era doblegar a Gran Bretaña primero, intensificando la campaña de submarinos en el Atlántico; otro era el del Ministro de Relaciones Exteriores Von Ribbentrop, quien sostenía la tesis de una gran alianza (“de Londres a Yokohama “) de potencias occidentales y Japón en contra de la URSS , para la cual era necesario llegar a un acuerdo de paz con Inglaterra. Sobre este punto es necesario recordar que en la visión de Hitler, Alemania no tenía intereses radicalmente antagónicos con Inglaterra si esta asumía un posible rol de “socio menor” supeditado a la hegemonía de Alemania en el futuro orden mundial. Desde un punto de vista geopolítico, los intereses del Lebensraum alemán y el Imperio Británico no se tocaban. A eso, hay que sumar el misterioso vuelo en solitario a Escocia del tercer hombre en la sucesión de Hitler, Rudolf Hess (Mayo de 1941) para buscar un acuerdo de paz. Incluso hubo una tercera alternativa: Un mayor esfuerzo militar en Africa del Norte (el Africa Korps de Rommel) para capturar el extremo norte del Canal de Suez, la arteria principal del Imperio Británico que además podría, a través de Palestina, abrir el paso hasta el Cáucaso (Una colosal maniobra de pinzas sobre la URSS) o hasta Irán y su riqueza petrolera.

La pregunta es porque Hitler se mantuvo tercamente en su objetivo principal. Solo podemos especular. A través de las conversaciones de Hitler con Albert Speer, el arquitecto del régimen nazi, sabemos que el Führer estaba preocupado por completar ciertos objetivos en el camino de Alemania como potencia que incluía (finalmente) la disputa con Estados Unidos por la hegemonía mundial, pero que él estimaba sería la misión de una próxima generación. Sabemos también que su premura, al igual que en la Alemania Guillermina de la I Guerra Mundial, tenía que ver con la percepción de que había una carrera contra el tiempo para evitar que la constelación de sus enemigos se hiciesen militarmente más fuertes que Alemania. Tal vez la explicación, como en la tesis de Sandoval, el entrañable borracho de “El Secreto de sus Ojos”, es que las personas pueden cambiar de apariencia o de barrio, pero no pueden cambiar sus pasiones. Es que la destrucción de la URSS era la pasión de Hitler. Andreas Hillgruber lo dice de otra manera: esa fue su verdadera guerra. También fue la principal causa de su derrota.

Por cierto, la guerra que Hitler pensaba no fue la que realmente ocurrió. La campaña de Polonia duró cuatro semanas; la de Holanda y Bélgica 7 días, la de Francia duró seis semanas; la de Grecia tres semanas. Los alemanes tenían razones plausibles en que la campaña de Rusia, aunque de una magnitud descomunalmente mayor, se podría concluir antes de la llegada del temible invierno ruso. Para tal efecto se concentraron 3.2 millones de soldados alemanes y cerca de un millón de solados provenientes de Finlandia, Rumania, Hungría y Eslovaquia. A estos se sumó un contingente italiano y en los años siguientes, encuadrados en hasta 10 divisiones de las Waffen SS, miles de voluntarios de una amplia gama de países europeos (también una división de voluntarios españoles, la llamada “División Azul”, porque usaban, bajo el uniforme alemán , la camisa azul de la Falange) que marcharon a luchar convocados por el régimen nazi en una gran cruzada contra la barbarie del comunismo, tal vez, el mayor éxito de la propaganda alemana. Este hecho muestra que la II Guerra Mundial no fue solo una guerra entre estados-naciones, sino también un conflicto ideológico: otro momento y otro escenario, al igual que la Guerra Civil Española, de una Guerra Civil Europea3. En la URSS en cambio, el discurso oficial abandonó la retórica del internacionalismo proletario para apelar a los valores tradicionales de la Patria Rusa; la guerra se transformó en “La Gran Guerra Patriótica” y así se sigue conmemorando hasta hoy.

En lo militar, sabemos que distribuidos en un frente que se extendía entre el Báltico y los Cárpatos, el Ejército Alemán y sus aliados marcharon en tres direcciones: Leningrado (San Petersburgo), Moscú y la Cuenca del Don, porque el objetivo fundamental no era Moscú sino por una parte, encapsular y destruir a la divisiones del Ejército Rojo en zonas cercanas a la frontera y capturar las áreas de mayor concentración industrial. La experiencia de las campañas anteriores era que la destrucción de la mayor parte del ejército enemigo era previa y más importante que la captura de la capital. Los primeros meses de campaña fueron para los alemanes mucho mejor que lo previsto pero para Septiembre, el avance alemán ya había perdido el impulso inicial. En Octubre llegaron las lluvias y con ellas el barro, la “guerra relámpago” se transformó entonces en una guerra de desgaste. Para Diciembre, los rusos ya habían recuperado su capacidad militar. Con 17 nuevas divisiones provenientes de Siberia que estaban en condiciones de contraatacar. La Batalla de Moscú fue la primera gran derrota alemana. Ese mismo mes, el sorpresivo ataque japonés a Pearl Harbor introdujo un giro radical en el desarrollo de la Guerra.

El desarrollo posterior lo conocemos. En 1942 el esfuerzo alemán se concentró solo hacia el sur, teniendo como objetivo la región industrial de la cuenca del Don. Ya hacia esa época los contingentes soviéticos triplicaban en número al de los alemanes y sus aliados. Entre Agosto del 42 y Enero del 43 se desarrolló la batalla de Stalingrado, que culminó con el mayor desastre militar alemán en el Frente Oriental, de allí en mas, los alemanes solo estarían a la defensiva hasta la batalla final de Berlín (Abril-Mayo de 1945).

En retrospectiva el fracaso puede parecer un tanto obvio. La fracasada experiencia de Napoleón intentando doblegar a la naturaleza, la profundidad de las planicies rusas y el General Invierno, pueden parecer como la crónica de una derrota anunciada, pero la historia siempre es más compleja. La fecha inicial programada para el inicio de la Campaña era el 15 de Mayo, pero las campañas de Yugoslavia, Grecia y el Norte de Africa en auxilio del aliado italiano y no previstas en los planes iniciales alemanes, generaron retrasos y distracción de importantes recursos militares. En los Estados Bálticos y en Ucrania la población civil recibió masivamente a los alemanes como liberadores del yugo soviético, pero la ideología fue más fuerte y los alemanes trataron a los eslavos como seres de una raza inferior en vez de considerarlos como aliados útiles. Tal vez el principal problema es que los alemanes subvaloraron tanto la capacidad industrial soviética, como la voluntad de lucha de los rusos y sus ingentes recursos humanos, lo que les permitió recuperarse de las considerables pérdidas iniciales en hombres y equipos. En perspectiva, la derrota de Hitler fue también el triunfo de Stalin, que construyó para los suyos la imagen de gran vencedor del fascismo. La contracara de la invasión alemana a la URSS fue el incontenible avance del Ejército Rojo en la Europa del Este y como consecuencia la instalación de regímenes comunistas en todos los países que sufrieron esa ocupación. Del desarrollo de este último proceso surgiría una radical diferencia de interpretación de los Acuerdos de Yalta entre soviéticos y norteamericanos, lo cual daría origen a otra guerra: La Guerra Fría, conflicto que configuró el escenario internacional por casi medio siglo, hasta la desaparición de la Unión Soviética.


1 La Línea Curzon” fue la demarcación propuesta en 1919 por Lord Curzon, Secretario de Relaciones Exteriores británico para una tregua en la guerra entre  Polonia y la URSS  (1919-1920). Tras la derrota rusa, los polacos no aceptaron esa propuesta  y en el acuerdo de 1921 extendieron su frontera sobre 135.000 KM2 en territorios nominalmente ucranianos. En la negociación del  Pacto Nazi-Soviético de 1939 , Stalin exigió el “reintegro” de ese territorio a la URSS. En las conversaciones de Teheran (1943 ) Churchill y Stalin estuvieron de acuerdo que ese mismo criterio sería el utilizado para desplazar la frontera rusa sobre territorio polaco , compensando a su vez a los polacos con  territorios de la antigua Prusia, lo que sería  finalmente la  Línea Oder-Neisse en 1945. 

2 Hillgruber, Andreas : Der Zweite Weltkrieg 1939-1945 . Kriegsziele und Strateguie der Grossen Mächte , 1985.

3 Nolte , Ernst : La Guerra Civil Europea. Nacional-Socialismo y Bolchevismo.  (1985) México, 2000.

Autor/a

  • Director del Observatorio de Historia y Política y profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales de Universidad Católica de Valparaíso, Chile. Doctor en Ciencias Políticas, mención en Historia, Universidad Johannes Gutenberg Mainz, Alemania.

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