Reaparece la violencia en el conflicto entre palestinos e israelíes

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Escrito por Eduardo Araya Lëupin

Hace poco más de una semana, comenzó a gestarse en Jerusalén  una situación de tensión que rápidamente escaló hacia una situación trágica, cuyas imágenes hemos  presenciado en los noticieros de TV y que parecen calcadas de muchas otras que hemos presenciado tanto  respecto de Palestina1 como de otros lugares del Medio Oriente. 

En el barrio de Sheikh Jarrah, en la zona árabe de Jerusalén, los habitantes palestinos protestaron ante una situación de  discriminación recurrente. Protestaban contra una orden de desalojo que recibieron varias familias árabes de parte del Poder Judicial de Jerusalén, bajo el argumento de que se encontraban ocupando ilegalmente viviendas, que antes de que se conformara el Estado de Israel (1948), habían sido de propiedad judía. El problema es que los ciudadanos judíos pueden presentar demandas judiciales por propiedades anteriores a 1948, pero los palestinos no, a pesar de que son ellos los que masivamente han sido desplazados. El problema de fondo es la discriminación de los ciudadanos árabes en el Estado de Israel.

A la creación del Estado de Israel (1948), el status de Jerusalén según la ONU era la de un “corpus separatum”, un status internacional especial bajo administración de la ONU; la(s) guerra(s) no obstante hicieron inaplicable ese status y la ciudad quedó dividida en dos: la “ciudad vieja” bajo control de Jordania y la ciudad nueva bajo Israel, quien en 1950 la declaró como su capital. En 1967 (la Guerra de los Seis Días) Israel se anexó de hecho la parte antigua de la ciudad. La anexión puso a la parte antigua de Jerusalén dentro de los límites de Israel, pero no les otorgó derechos plenos a sus ciudadanos árabes (pueden votar para seleccionar al alcalde de la ciudad, pero no para elegir a los diputados del Parlamento israelí). La mayoría de la comunidad internacional no reconoce a la Jerusalén unificada como capital de Israel (según una ley israelí de 1980), aunque el Gobierno de Trump y algunos pocos países la han reconoció como tal, trasladando allí a sus embajadas.

La situación antes descrita escaló cuando los palestinos reunidos con motivo del Ramadán, protestaron masivamente por esta situación en la Explanada donde se encuentran el Domo de la Roca y la Mezquita de Al Aqsa y que los judíos también reverencian, pues allí se encontraba el Templo de Salomón. Las fuerzas de seguridad israelíes desplegaron una violenta represión, que si bien no causó muertos, incluyó imágenes sensibles para el sentimiento palestino y los musulmanes en general, como el lanzamiento de bombas lacrimógenas dentro de la mezquita de Al Aqsa (el tercer lugar más sagrado para el Islam). A partir de esos hechos, se generó el escenario propicio para la intervención de Hamas, grupo radical que controla la Franja de Gaza, que cuenta con sólidos vínculos con Hezbolá en el Líbano  y por tanto con Irán, quien disputa el liderazgo de los palestinos a la OLP, que a su vez administra algunos de los territorios de la Cisjordania. Desde el inicio de la semana, Hamas lanzó una gran cantidad de cohetes desde Gaza hacia Israel  (que fluctúan entre 500 en los primeros días y hasta 1000 al momento de redactar este texto). 150 cayeron dentro de la Franja, otros 200 fueron interceptados por el sistema Cúpula de Hierro (el escudo antimisiles israelí) y el resto impactó principalmente en ciudades sureñas israelíes causando siete muertes. Los cohetes lanzados por Hamas pueden parecer rudimentarios, pero sorprende el número, particularmente si se considera la condición de aislamiento de la Franja de Gaza y el que algunos de ellos hayan alcanzado blancos en Israel se debe que la cantidad saturó la capacidad de respuesta del sistema Cúpula de Hierro.

Israel reaccionó bombardeando masivamente la Franja de Gaza, una de las zonas más densamente pobladas del mundo, provocando la muerte de Bassem Issa,  uno de los principales  Jefes militares de Hamas y un grupo no determinado de milicianos de menor rango, también cerca de 30 muertos civiles2 y entre ellos varios niños. Como en otras oportunidades, la comunidad internacional ha expresado su preocupación por la escalada de violencia. Algunas cancillerías europeas (entre ellas Alemania) han responsabilizado a Hamas por el escalamiento de la crisis. Estados Unidos se ha mantenido fiel a su política de bloquear cualquier decisión de la ONU que implique una censura a Israel. En la decisión de las capitales de la UE hay también hay una consideración plausible: El derecho de los israelíes a que se les garantice su seguridad.

Para hacer más complejo  este escenario, Israel se encuentra en un compleja situación política: el actual primer ministro Benjamín Netanyahu, sobre el cual pesan acusaciones de corrupción, no pudo formar una coalición de gobierno luego de las elecciones y hoy la oportunidad de hacerlo la tiene una heterogénea alianza que integran derechistas e izquierdistas israelíes junto con islamistas árabes israelíes. La violencia sin dudas beneficia al líder del Likud, pues será muy difícil para sus rivales políticos conformar en los próximos días una coalición para la cual necesitan el apoyo de los partidos árabes israelíes y cualquier colaboración de los partidos palestinos dentro de Israel en el medio de un conflicto violento será vista como una traición.

Por otra parte, hace solo unas semanas, la organización humanitaria Human Rights Watch publicó un exhaustivo trabajo de investigación3 en el que afirma que Israel gobierna un régimen de apartheid y persecución sobre los palestinos. Durante años, siempre que Israel ha sido acusado de mantener un régimen de apartheid en los territorios ocupados palestinos ha contestado con el argumento de que se trata de una situación temporal y que el futuro de Cisjordania se determinará mediante negociaciones que se estancan y en donde ambos bandos se responsabilizan mutuamente.  El Estado de Israel siempre ha sido reacio a especificar cuales   serían sus fronteras definitivas y ha promovido sistemáticamente que una parte de su población (estimativamente 8% de su población civil) se haya asentado en territorio palestino ocupado y construido allí asentamientos que controlan  entre 20% y 30% del territorio total de la antigua Cisjordania. 

Frente al Informe de HRW la cancillería israelí reaccionó defensivamente sosteniendo que se trataba de un panfleto de propaganda no relacionado con los hechos o la verdad y escrito por una organización impulsada por una agenda antiisraelí. Sin embargo, son variadas las voces que dentro de Israel han sostenido esa misma tesis4 El trabajo de Human Rights Watch no es nuevo y continúa el detallado análisis publicado en enero de este año por la organización israelí B’Tselem5

En síntesis, el problema descrito puede desagregarse en varios niveles de distinta densidad pero que terminan inevitablemente en uno solo. En efecto, problemas como las acciones de Hamas y su tensa relación con la OLP es un problema que depende de la constelación de relaciones del poder y de los conflictos regionales, finalmente, de la relación entre Israel e Irán, pero también del grado de segregación a lo cual los habitantes de la Franja de Gaza han sido sometidos por mucho tiempo. Los problemas de discriminación de los ciudadanos árabes dentro del Estado de Israel en cambio, podrían ser resueltos solo por decisiones del Estado de Israel, pero finalmente, el núcleo del problema es la relación entre Israel y los palestinos, frente a la cual, pese a que se han considerado hipotéticamente otras alternativas (una estructura federativa por ejemplo), la única solución posibles parece ser la de dos estados para dos pueblos.

1 Recordemos el conflicto de la Franja de Gaza entre 2008 y 2009, denominado Operación Plomo Fundido por Israel, dirigida contra objetivos de  infraestructura de la organización Hamás, principalmente puertos, sedes  cuarteles,  depósitos de armas y los túneles subterráneos que comunicaban la Franja de Gaza con Egipto.

2 Al momento de la redacción de este artículo , se cuenta un total de 67 palestinos muertos.

3 https://www.hrw.org/es/news/2021/04/27/preguntas-y-respuestas-se-traspaso-el-umbral

4 En 2007, el ex-primer ministro Ehud Olmert dijo que si la solución de dos Estados para dos pueblos colapsara, Israel «enfrentaría una lucha al estilo sudafricano por la igualdad de derechos de voto, y tan pronto como eso suceda, el Estado de Israel habrá terminado». Tres años después, el también ex-primer ministro Ehud Barak, expresó el mismo parecer. Y en 2015 lo hizo, el propio ex-jefe del Mossad, Meir Dagan. Ya un par de años antes Yuval Diskin, el jefe del Shin Bet, lo había puesto con estas palabras: Si no deseamos seguir gobernando a otro pueblo y convertirnos así en un Estado de apartheid condenado al ostracismo, no hay más alternativa que otorgar plenos derechos, incluido el derecho al voto, a los palestinos. Cit en Kopel E. La tragedia de Jerusalen y el Apartheid Israelí  en  Nueva Sociedad www.nuso.org 12.05.21.

5 (…) El régimen israelí ha dividido el área en varias unidades que define y gobierna de manera diferente, otorgando a los palestinos derechos diferentes en cada una. Esta división es relevante solo para los palestinos. El espacio geográfico, que es contiguo para los judíos, es un mosaico fragmentado para los palestinos. (…) Israel otorga a los palestinos un conjunto diferente de derechos en cada una de estas unidades, todos los cuales son inferiores en comparación con los derechos otorgados a los ciudadanos judíos. El objetivo de la supremacía judía avanza de manera diferente en cada unidad, y las formas de injusticia resultantes difieren: la experiencia vivida por los palestinos en la Gaza bloqueada es diferente de la de los súbditos palestinos en Cisjordania, los residentes permanentes en Jerusalén Este o los ciudadanos palestinos dentro del territorio soberano de Israel. Sin embargo, estas son variaciones del hecho de que todos los palestinos que viven bajo el gobierno israelí son tratados como inferiores en derechos y estatus a los judíos que viven en la misma área .Un régimen de supremacía judía desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo https://www.btselem.org/sites/default/files/publications/202101_this_is_apartheid_es.pdf

Autor/a

  • Director del Observatorio de Historia y Política y profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales de Universidad Católica de Valparaíso, Chile. Doctor en Ciencias Políticas, mención en Historia, Universidad Johannes Gutenberg Mainz, Alemania.

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